Era el año 1995 y yo conocí a Sandra en el IDAT, donde estudié Computación e Informática. En aquel entonces, yo tenía una relación estable con Mónica, una mujer con la cual yo me sentía muy feliz, le era fiel, no estaba interesado en nadie más. El punto es que Sandra sabía eso, y a veces me mandaba indirectas, pero yo no le hacía caso porque yo estaba enamorado de Mónica.
Un día, de 1995, Sandra avisa a todo el mundo en su salón, en el salón, que su mochila azul de jean se había extraviado y me echó la culpa a mí. Me acusaba a mí de haberme robado su mochila azul, me miraba y me señalaba diciéndome: “tú te has llevado mi mochila azul”. Y yo le decía, “no, yo no me llevo ninguna mochila azul”, y ella insistía en que yo me había robado su mochila azul porque me quería quedar, según ella, con las fotos suyas que ella tenía en la mochila.
Cuando para mí eso era absurdo porque yo no soy ladrón, no es mi estilo robar y no estaba interesado en ella porque yo estaba con Mónica y ella lo sabía. Y yo lo tomé como una excusa superficial, banal, para llamar mi la atención. Nunca imaginé que esa sería la primera de muchas calumnias aún más graves que ella levantó en mi contra.
Miren este video y entenderán de qué hablo.
José, un joven criado en enseñanzas católicas, vivió una serie de acontecimientos marcados por relaciones complejas y manipulaciones. A los 19 años inició una relación con Mónica, una mujer posesiva y celosa. Aunque José sentía que debía terminar la relación, su formación religiosa lo llevó a intentar cambiarla con amor. Sin embargo, los celos de Mónica se intensificaron, especialmente hacia Sandra, una compañera de clase que le hacía insinuaciones a José.
Sandra comenzó a acosarlo en 1995 con llamadas telefónicas anónimas, en las que hacía ruidos con el teclado y colgaba.
En una de esas ocasiones, reveló que era ella quien llamaba, luego de que José le preguntara enojado en la última llamada: '¿Quién eres tú?'. Sandra lo llamó de inmediato, pero en esa llamada le dijo: 'José, ¿Quién soy yo?'. José, al reconocer su voz, le dijo: 'Tú eres Sandra', a lo que ella respondió: 'Ya sabes quién soy yo'. José evitó confrontarla. Durante esa época, Mónica, obsesionada con Sandra, amenazó a José con hacerle daño Sandra, lo que llevó a José a proteger a Sandra y prolongar su relación con Mónica, a pesar de su deseo de terminarla.
Finalmente, en 1996, José rompió con Mónica y decidió acercarse a Sandra, quien inicialmente había mostrado interés en él. Cuando José intentó hablar con ella sobre sus sentimientos, Sandra no le permitió explicarse, lo trató con palabras ofensivas y él no entendió la razón. José optó por distanciarse, pero en 1997 creyó tener la oportunidad de hablar con Sandra, esperando que ella le explicara su cambio de actitud y pudiera compartir los sentimientos que había mantenido callados. En su cumpleaños en julio, la llamó como lo había prometido un año antes, cuando aún eran amigos, algo que no pudo hacer en 1996 porque estaba con Mónica. En aquel entonces, solía creer que las promesas nunca debían romperse (Mateo 5:34-37), aunque ahora entiende que algunas promesas y juramentos pueden reconsiderarse si se hicieron por error o si la persona ya no los merece. Cuando terminó de saludarla y estaba a punto de colgar, Sandra suplicó desesperadamente: ''Espera, espera, ¿podemos vernos?'' Eso le hizo pensar que ella había recapacitado y que finalmente le explicaría su cambio de actitud, permitiéndole compartir los sentimientos que había guardado en silencio. Sin embargo, Sandra nunca le dio respuestas claras, manteniendo la intriga con actitudes evasivas y contraproducentes.
Ante esta actitud, José decidió no buscarla más. Fue entonces cuando comenzó el acoso telefónico constante. Las llamadas siguieron el mismo patrón que en 1995 y esta vez fueron dirigidas a la casa de su abuela paterna, donde vivía José. Él estaba convencido de que se trataba de Sandra, pues recientemente le había dado el número. Esas llamadas eran constantes, mañana, tarde, noche y madrugada, y se prolongaron durante meses. Cuando contestaba algún familiar, no colgaban, pero cuando contestaba José se oía el chasquido de las teclas antes de colgar.
José le pidió a su tía, la dueña de la línea telefónica, que solicitara a la compañía de teléfonos el registro de las llamadas entrantes. Él pensaba utilizar esa información como prueba para contactar a la familia de Sandra y manifestarle su preocupación por lo que ella pretendía conseguir con esa conducta. Sin embargo, su tía restó importancia a su argumento y se negó a ayudarlo. Curiosamente, nadie en la casa, ni su tía ni su abuela paterna, parecían indignarse por el hecho de que las llamadas se produjeran además en la madrugada, y no se molestaron en buscar cómo detenerlas ni identificar al responsable.
Esto tenía la extraña apariencia de una tortura orquestada. Incluso cuando José le pidió a su tía que desconectara el cable del teléfono por la noche para poder dormir, ella se negó, argumentando que uno de sus hijos, que vivía en Italia, podría llamar en cualquier momento (considerando la diferencia horaria de seis horas entre ambos países). Lo que hacía todo aún más extraño era la fijación de Mónica con Sandra, a pesar de que ni siquiera se conocían. Mónica no estudiaba en el instituto donde estaban matriculados José y Sandra, pero empezó a sentir celos de Sandra desde que encontró una carpeta con un proyecto grupal de José. La carpeta enumeraba los nombres de dos mujeres, incluida Sandra, pero por alguna extraña razón, Mónica se obsesionó solo con el nombre de Sandra.
Aunque José inicialmente ignoró las llamadas telefónicas de Sandra, con el tiempo cedió y volvió a contactar a Sandra, influenciado por las enseñanzas bíblicas que aconsejaban orar por quienes lo perseguían. Sin embargo, Sandra lo manipulaba emocionalmente, alternando entre insultos y peticiones para que él siguiera buscándola. Después de meses de este ciclo, José descubrió que todo era una trampa. Sandra lo acusó falsamente de acoso sexual, y como si eso no fuera suficientemente malo, Sandra envió a unos criminales a que golpearan a José.
Ese martes, sin que José lo supiera, Sandra ya le había tendido una trampa.
Unos días antes, José le había contado a su amigo Johan la situación que estaba viviendo con Sandra. Johan también encontró extraño su comportamiento y pensó que podría deberse a algún tipo de brujería por parte de Mónica. Ese martes, José había ido a visitar su antiguo barrio, donde había vivido en 1995, y se encontró por casualidad con Johan. Después de escuchar más detalles, Johan le aconsejó que se olvidara de Sandra y saliera a bailar a conocer a otras mujeres; tal vez encontraría a alguien que lo ayudara a olvidarla. A José le gustó la idea.
Entonces tomaron un autobús al centro de Lima para ir a una discoteca. Por coincidencia la ruta pasaba por el instituto IDAT. Como estaban a una cuadra del IDAT, a José de repente se le ocurrió bajar un momento a pagar una clase de sábado a la que se había apuntado. Pudo ahorrar algo de dinero vendiendo su computadora y trabajando durante una semana en un almacén. Sin embargo, tuvo que renunciar porque explotaban a los empleados obligándolos a trabajar 16 horas diarias mientras que solo declaraban 12, y si se negaban a terminar la semana, los amenazaban con no pagarles nada.
José se volvió hacia Johan y le dijo: 'Estudio aquí los sábados. Ya que estamos de paso, bajemos un momento, pago mi clase y luego seguimos camino a la discoteca'.
Tan pronto como José pisó la acera, antes incluso de cruzar la calle, se quedó atónito al ver a Sandra allí, parada en la esquina del instituto. Incrédulo, le dijo a Johan: 'Johan, no lo puedo creer, Sandra está aquí. Es la chica de la que te hablé, la que ha estado actuando tan extraño. Espérame aquí, le preguntaré si recibió la carta donde le advertí sobre las amenazas de Mónica en su contra, y tal vez finalmente pueda explicarme qué le pasa y qué quiere de mí con todas estas llamadas'.
Johan esperó mientras José se acercaba. Pero apenas había empezado a hablar: 'Sandra, ¿has visto mis cartas? ¿Puedes explicarme finalmente qué te pasa?' Cuando Sandra, sin decir palabra, hizo un gesto con la mano. Fue una señal. Entonces aparecieron tres matones, escondidos en diferentes lugares: uno en medio de la calle, otro detrás de Sandra y el tercero detrás de José.
El que estaba detrás de Sandra se acercó y le dijo: 'Entonces, ¿eres tú el acosador sexual que molesta a mi prima?'
José, desconcertado, respondió: '¿Qué? ¿Yo, un acosador? Al contrario, ¡es ella quien me acosa! Si lees la carta, verás que sólo intento entender por qué me sigue llamando'.
Antes de que pudiera reaccionar, uno de los matones lo agarró por el cuello por detrás y lo arrojó violentamente al suelo.
Luego, junto con el que decía ser primo de Sandra, comenzaron a patearlo. Mientras tanto, el tercer matón lo registraba, intentando robarle. Eran tres contra uno y José yacía indefenso en el suelo.
Afortunadamente, su amigo Johan intervino en la pelea, permitiendo que José volviera a levantarse.
Pero el tercer atacante tomó piedras y las arrojó contra José y Johan.
El ataque sólo se detuvo cuando intervino un policía de tránsito. El policía se volvió hacia Sandra y le dijo: 'Si te está acosando, entonces presenta una denuncia'.
Sandra, visiblemente nerviosa, se alejó rápidamente, sabiendo muy bien que su acusación era falsa.
José, aunque profundamente traicionado, no presentó denuncia. No tenía pruebas de los meses de acoso que había sufrido por parte de Sandra. Pero más allá del shock de la traición, una pregunta lo perseguía:
'¿Cómo pudo haber planeado esta emboscada, si yo nunca vengo aquí los martes por la noche? Sólo vengo los sábados por la mañana para mis clases'.
Esto generó en él una duda aterradora: ¿y si Sandra no era sólo una mujer, sino una bruja con poderes sobrenaturales?
Estos hechos dejaron una profunda huella en José, quien busca justicia y desenmascarar a quienes lo manipularon. Además, busca desbaratar los consejos de la Biblia, como 'oren por quienes los insultan', porque al seguir ese consejo, cayó en la trampa de Sandra.
El testimonio de José:
Soy José Carlos Galindo Hinostroza, el autor del blog:
BESTIADN . COM
En 1997, cuando yo tenía 22 años, yo estaba enredado en las intrigas de Sandra Elizabeth, una ex compañera del instituto IDAT, yo estaba confundido respecto a lo que a ella le sucedía, ella me acosó de una manera muy difícil de narrar, pero de esto hablé en este video: https://youtu.be/tuKV-RhbyR0
, no descarté la posibilidad de que Mónica Nieves, mi ex novia, le hubiera hecho alguna brujería, al buscar respuestas en la Biblia, yo leí en Mateo 5: "Oren por quién los insulta".
Y en esos días, Sandra me insultaba mientras me decía que no sabía qué le pasaba, que quería seguir siendo mi amiga y que debía seguir llamándola y buscándola una y otra vez, y así fue durante cinco meses. En resumen, Sandra fingió estar poseída por algo para mantenerme confundido. Las mentiras de la Biblia me hicieron creer que las personas buenas pueden comportarse mal por culpa de un espíritu maligno, por eso el consejo de orar por ella no me pareció tan absurdo, porque antes Sandra fingía ser amiga, y caí en su engaño. Los ladrones suelen usar la estrategia de fingir buenas intenciones: Para robar en tiendas fingen ser clientes, para pedir diezmos fingen predicar la palabra de Dios, pero predican la de Roma, etc. etc. Sandra Elizabeth fingió ser amiga, luego fingió ser una amiga en problemas buscando mi ayuda, pero todo era para calumniarme y emboscarme con tres delincuentes, seguramente por despecho porque un año antes rechacé sus insinuaciones porque estaba enamorado de Mónica Nieves, a quien fui fiel. Pero Mónica no confiaba en mi fidelidad y amenazó con matar a Sandra Elizabeth, por lo que terminé con Mónica lentamente, en ocho meses, para que no creyera que era por Sandra. Pero así me pagó Sandra Elizabeth, con calumnias. Me acusó falsamente de acosarla sexualmente y, con ese pretexto, ordenó a tres delincuentes que me golpearan, todo esto frente a ella. Narro todo esto en mi blog y en mis videos de Youtube:
No deseo que otros justos pasen por experiencias como la mía, por eso he creado lo que estás leyendo. Sé que esto irritará a los injustos como Sandra, pero la verdad es como el verdadero evangelio, y solo favorece a los justos.
Difícil este video es reciclado de uno de mis antiguos canales…
Resulta que la parte más indignante de toda mi vida, de toda la persecución, fue cuando, presionado, hostigado, amenazado, obligado por los propios familiares más cercanos a tomar unas pastillas bajo amenazas de nuevos encierros. Pastillas que yo nunca merecí, porque siempre he sido lúcido. Ah, esto produjo efectos secundarios devastadores, como la impotencia sexual a mis 26 años solamente. Entonces, no me engordaron como la primera vez que me secuestraron en el año 98, cuando tenía 23, pero sí causaban el mismo efecto de la impotencia sexual. Terrible, terrible.
Yo no sabía qué era peor: si vivir así o revelarme para que me encierren nuevamente, con injusticia en casa de locos, en la clínica Pinel.
Entonces traté de hacer una vida, pero no pude. Conocí a dos chicas, porque, bueno, siempre tenía ganas de tener relaciones, ¿no? Pero cuando yo las besaba, algo no se despertaba. La impotencia sexual era evidente a mis 26 años.
Y era frustrante, porque me pasó también con la segunda chica que conocí en aquel 2001, si mal no recuerdo. La primera se llamaba Giovanna y la segunda se llamaba Cristina. En ambos casos, no funcionó.
¿Ya? La primera, la que se llamaba Giovanna, tenía en aquel entonces 23 años y yo tenía 26. Y la que se llamaba Cristina, que conocí después, tenía 17 años y yo tenía, como le dije, 26. Pero la relación solamente duró un día. Nos besábamos en la calle, en la verdad, en la calle nos besábamos, y ellas querían sentir, ya sabes a qué me refiero, y no pudieron sentir nada porque los efectos eran devastadores.
No importaba la pasión que ellas ponían en los besos, y lo bellas que ellas fueran… porque ellas eran muy bonitas, muy simpáticas, pero yo estaba fuera de carrera por culpa de este hostigamiento. Por culpa de este hostigamiento. Realmente no tenía vida. Era horrible vivir así. Entonces intenté suicidarme por culpa de estos. No porque yo fuera así, sino porque los efectos secundarios de esas pastillas, que siempre he dicho que nunca merecí, no solo me dificultaban la toma de decisiones, sino que, como les dije, arruinaban mi potencia sexual.
¿Y sabes por qué no me maté? Porque cuando iba a hacerlo en el puente de la Villena, pasó una mujer con un niño pequeño, y yo no quise que el niño viese una escena que lo traumatice, como la de un hombre suicidarse. Entonces, por eso yo desistí.
Luego regresé para intentarlo de nuevo, y justo calculé que si yo me tiraba, mi cuerpo iba a caerle a un auto que pasaba lentamente desde la Costa Verde subiendo por ese camino. Entonces no lo intenté una tercera vez. Porque en aquella época el puente la Villena era un lugar preferido por muchos suicidas y había vigilancia de serenazgo. Si yo lo intentaba otra vez, mi temor era que me capturen y llamen a mi familia y digan “se quiso matar”, y mi familia lo use como pretexto para volver a secuestrarme en la clínica Pinel, y esta vez dándome además una pastilla antidepresiva. Como si lo que yo tenía no hubiese sido causado por los efectos secundarios de aquella medicación Zyprexa que yo jamás merecí. ¿No? Entonces, yo busco justicia, porque todos estos secuestros que padecí fueron por la persecución religiosa que yo padecí por dejar de ser católico y por criticar el catolicismo. Como yo les dije en otras ocasiones, es persecución religiosa disfrazada de una preocupación genuina por un supuesto enfermo mental que yo nunca he sido, jamás lo he sido. Mira los detalles y visite mi página web bestiadn.com, porque quiero que se me haga justicia y hago lo que puedo, porque el Ministerio Público de Perú rechazó la denuncia que yo presenté por el intento de secuestro apenas en diciembre del año 2018, cuando intentaron nuevamente secuestrarme simplemente porque hice una página web donde expreso mis ideas religiosas.
¿Ya? Fracasaron, pero yo denuncié, y el Ministerio Público de Perú desestimó las evidencias que presenté. Saludos.
“José Galindo, de nuevo en el lugar de los hechos que acontecieron en el año 1998, dónde Sandra, la traidora me mandó a golpear acá, con mentiras y calumnias…
La batalla en la esquina, en las afueras del instituto IDAT, 2do trimestre de 1998, cuadra 7 de la Av. Arequipa, esquina con el Jr. Pablo Bermúdez, Santa Beatriz, Lima - Perú. En una calle urbana de noche, un hombre valiente se defiende de un delincuente alto y corpulento que intenta golpearlo con patadas, utilizando sus conocimientos básicos de Kung-Fu, José bloquea los ataques de la bestia, pisando repetidamente el empeine de su agresor mientras mantiene una postura firme de lucha, está de pie gracia a Johan, pues otro delincuente lo había derribado por la espalda, mientras la bestia y el agresor inicial lo golpeaban, y un tercero revisaba sus bolsillos para robarle, detrás de él, su leal amigo Johan ha intervenido para ayudarlo enfrentándose al atacante que inició la emboscada con cobardía, mientras que el tercero, cobardemente, va en busca de piedras para arrojarlas contra los dos nobles amigos, la escena es tensa y dramática, con la iluminación de los faroles y las luces de los autos en la esquina, proyectando sobras alargadas sobre la acera, pocos minutos después y a poca distancia, en el Jr. Pablo Bermúdez, Sandra, la mujer que orquestó la emboscada, observara nerviosa como un oficial de tránsito afrodescendiente se acerca para intervenir.
Esta es mi historia:
La maldad de la familia de José eclipsa la maldad de Sandra:
José sufrió una traición devastadora por parte de su propia familia, que no solo se negó a ayudarlo a detener el acoso de Sandra, sino que además lo acusó falsamente de tener una enfermedad mental. Sus propios familiares usaron estas acusaciones como pretexto para secuestrarlo y torturarlo, enviándolo en dos ocasiones a centros para enfermos mentales y una tercera vez a un hospital.
Todo comenzó cuando José leyó Éxodo 20:5 y dejó de ser católico. Desde ese momento, se indignó con los dogmas de la Iglesia y comenzó a protestar por su cuenta contra sus doctrinas, además de aconsejar a sus familiares que dejaran de rezar a imágenes. También les comentó que estaba rezando por una amiga (Sandra), quien aparentemente estaba embrujada o poseída. José estaba bajo estrés debido al acoso, pero sus familiares no toleraron que ejerciera su libertad de expresión religiosa. Como resultado, destruyeron su vida laboral, su salud y su reputación, encerrándolo en centros para enfermos mentales donde le administraron sedantes.
No solo lo internaron en contra de su voluntad, sino que, después de su liberación, lo obligaron a seguir tomando medicamentos psiquiátricos bajo amenazas de nuevos encierros. Luchó por liberarse de esas ataduras, y durante los últimos dos años de esa injusticia, con su carrera profesional como programador destruida, se vio obligado a trabajar sin salario en el restaurante de un tío que traicionó su confianza. José descubrió en 2007 que este tío le hacía poner pastillas psiquiátricas en su almuerzo sin su conocimiento. Fue gracias a la ayuda de una empleada de cocina, Lidia, que logró descubrir la verdad.
Desde 1998 hasta 2007, José perdió prácticamente diez años de su juventud por culpa de familiares traidores. En retrospectiva, se dio cuenta de que su error fue defender la Biblia para negar el catolicismo, ya que sus familiares nunca le permitieron leerla. Ellos cometieron esta injusticia porque sabían que él no tenía recursos económicos para defenderse. Cuando finalmente logró liberarse de la medicación forzada, creyó que había conseguido el respeto de sus parientes. Sus tíos y primos maternos incluso le ofrecieron empleo, pero años después lo traicionaron nuevamente con un trato hostil que lo obligó a renunciar. Esto le hizo pensar que nunca debió haberlos perdonado, ya que sus malas intenciones quedaron en evidencia.
A partir de ese momento, decidió volver a estudiar la Biblia, y en 2017 comenzó a notar sus contradicciones. Poco a poco entendió por qué Dios había permitido que sus familiares le impidieran defenderla en su juventud. Descubrió las inconsistencias bíblicas y comenzó a denunciarlas en sus blogs, donde también relató la historia de su fe y el sufrimiento que padeció a manos de Sandra y, sobre todo, de sus propios familiares.
Por este motivo, su madre intentó secuestrarlo nuevamente en diciembre de 2018 con la ayuda de malos policías y un psiquiatra que emitió un certificado falso. Lo acusaron de ser un 'peligroso esquizofrénico' para encerrarlo de nuevo, pero el intento fracasó porque él no estaba en casa. Hubo testigos del hecho y audios que José presentó como pruebas ante las autoridades peruanas en su denuncia, la cual fue rechazada.
Su familia sabía perfectamente que él no estaba loco: tenía un trabajo estable, un hijo y a la madre de su hijo a quien cuidar. Sin embargo, aun conociendo la verdad, intentaron secuestrarlo con la misma calumnia de antaño. Su propia madre y otros familiares fanáticos católicos lideraron el intento. Aunque su denuncia fue ignorada por el Ministerio, José expone estas pruebas en sus blogs, dejando en claro que la maldad de su familia eclipsa incluso la de Sandra.
" La piedra de la justicia que Dios no rechaza destruye el satanismo y su ocultismo. //8
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No todo enigma bíblico merece análisis: descifrar enigmas adulterados entre mensajes helenizados es perder el tiempo. //5https://depuracion-del-mensaje.blogspot.com/2026/03/no-todo-enigma-biblico-merece-analisis.html
" " El falso profeta: 'Siembra en mis bolsillos llenos y cosecha mis promesas vacías.' //2
Nunca habría luchado por mi enemiga de haber sabido antes que lo era: una mujer cruel que fingió ser la mujer que de verdad me interesa. Me dijo “soy buena” mientras fingía cariño por mí, cuando en realidad era una mujer calumniadora que me pagó el bien con el mal, demostrando así que no lo merece. Solo merece que el hombre de bien huya de ella, lo que me recuerda a cierto mensaje: “Salid de ella, pueblo mío…”, mensaje que complementa este otro, a favor de ese pueblo: “Él tomará por esposa a una mujer virgen. No tomará viuda, ni repudiada, ni infame, ni ramera, sino que tomará de su pueblo una virgen por mujer”.
Ambos mensajes son negados por “Babilonia” con su mensaje falsificado, un mensaje universalista que pide al justo no “salir de ella”, sino ofrecer la otra mejilla, como si el hombre justo no mereciera la fidelidad de la mujer justa, sino las calumnias de la mujer injusta.
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