Dios dijo: «No es bueno que el hombre esté solo. Le haré una mujer».
Génesis 2:18-24.
Roma luego puso en boca de Pablo: «Bueno le sería al hombre no tocar mujer», y llamó don al celibato (1 Corintios 7:1; 1 Corintios 7:7).
Y pusieron en boca de Jesús: «Hay eunucos que se hicieron a sí mismos eunucos por causa del reino de los cielos» (Mateo 19:12).
Así actuó Roma como Satanás, el calumniador, el infiel acusador de aquellos a quienes Juan llamó «nuestros hermanos»: Pablo, Pedro, Esteban y el propio Jesús (Apocalipsis 12:10). E incluso del mismo Juan.
Pues unirse a mujeres no es contaminarse; pero Roma presentó el celibato como una pureza superior al decir que los fieles son los que no se contaminaron con mujeres (Apocalipsis 14:4). Al ordenar sacerdotes célibes, Roma habló contra Dios (Daniel 7:25).
Cuando leí por primera vez Proverbios 18:22 —«El que halla esposa halla el bien»— decidí investigar más a fondo. Luego leí, no darás culto a imágenes (Éxodo 20:5). Y entonces miré la realidad.
Vi hombres que no solo dan culto a imágenes, sino que además renuncian a lo que el mismo Dios llamó el bien. Eso no tenía sentido para mí.
Al principio caí en la trampa. Defendí la Biblia para justificar que mi decisión de no inclinarme más ante imágenes católicas era correcta. Luego caí en la cuenta de que defenderla también era un error, porque la Biblia se contradice, porque pasó por el filtro de la Roma corrupta.
Roma, que ya adoraba imágenes, nunca aceptó la verdad. Nos presentó a un Jesús sin mujer y a un Jesús que predicaba el amor al enemigo.
Pero si Jesús era justo, y Proverbios 29:27 dice que el justo abomina al injusto y el injusto abomina al justo, entonces todo encaja.
Eso explica por qué Roma persiguió y mató a los santos. Eso explica por qué Roma nunca se convirtió al mensaje del justo.
En lugar de convertirse, nos predicó lo imposible: que el justo ame al injusto y que renuncie a su propia mujer para acercarse a Dios.
El justo dice: «Nunca renunciaré a mi esposa».
Génesis 2:24 Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne. Isaías 66:24 Y saldrán y verán los cadáveres de los hombres que se rebelaron contra mí; porque su gusano nunca morirá ni su fuego se apagará, y serán abominables a toda carne. La profecía de Isaías señala el destino de los que se rebelan contra lo que Dios determinó para los justos. Entre esas determinaciones está la unión del hombre con su mujer. Por eso, el celibato impuesto como virtud religiosa es contrario a los intereses de los hombres justos. Proverbios 18:22 El que halla esposa halla el bien, y alcanza la benevolencia de Jehová. En la ley dada a Israel, incluso los sacerdotes —consagrados al servicio de Dios— debían casarse: Levítico 21:12-13 Ni saldrá del santuario, ni profanará el santuario de su Dios; porque la consagración por el aceite de la unción de su Dios está sobre él. Yo Jehová. Tomará por esposa a una mujer virgen. Por lo tanto, el matrimonio no era un obstáculo para la santidad, sino parte del orden establecido por Dios. Pero cuando Roma persiguió la fe de los justos, adulteró sus mensajes. Lo que antes era parte del orden natural fue presentado como inferior, y el celibato comenzó a venderse como santidad. Así, lo que era justo fue invertido: la abstinencia forzada se llamó virtud, y la justicia fue desplazada por tradiciones humanas. Por eso la profecía dijo: Isaías 29:13 Este pueblo se acerca a mí con su boca y con sus labios me honra; pero su corazón está lejos de mí, y su temor de mí no es más que un mandamiento de hombres que les ha sido enseñado.
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